¿Para qué me hago pendejo?
Si las letras se me desbordan de los huesos, si no escribo, siento que me reviento, como si quisiera tapar un volcán con un dedo, si las arterias se me desbocan cuando entre musas me retuerzo de inspiración, si los riñones me escupen poemas, me sangran letras en cada suspiro que callo...
Ivan Salas Martinez
Un escritor erótico, fornicamante de las letras, apasionado de la expresión escrita, y un amigo.
miércoles, 11 de octubre de 2017
domingo, 8 de octubre de 2017
El espíritu del libro 1
Despierta y todo dolor se termina, Camila estaba excitada, desnuda, con ese hombre desconocido en aquella habitación, le tocó las tetas y se sintió estremecer, hace mucho tiempo que ella no se sentía así, tan mujer, tan vulnerable, tan bien, tan exquisitamente follada.
Y es que su esposo era el típico borracho, mediocre, de obeso cuerpo, olor desagradable a sudor, y todas esas cosas que algunos hombres van acumulando con los años, un pseudo hombre que hace mucho tiempo había dejado de valorarla.
Camila, como toda mujer viva, tenía sus necesidades, ella requería sentirse amada, protegida, valorada, y todo eso ya no lo encontraba en casa, comenzó a refugiarse en los libros, pero había uno en especial, que cada noche leía con gran gusto, se trataba de una historia erótica, un libro grande, con una historia tan misteriosa que Camila sentía esa necesidad de descubrir cada vez que se tiraba a la cama y lo leía, se sentía la protagonista de aquella historia extraña, pero lo más curioso, se sentía amada con ese libro, el personaje la poseía y vivía el erotismo y la sensualidad en cada párrafo, como si cada letra fuera un susurro de deseo y ansiedad.
Desde hacía varios días, cada noche era su costumbre leer algo de ese libro, se acostaba y se disponía a vivir aquella fascinante lectura, y sentía como si un ente estuviera acariciándole mientras lo leía, para esto ella siempre dormía en ropa interior, y es que así fue siempre su costumbre, sentía como si un viento suave le recorriera las piernas, los pechos, y como si alguien estuviera ahí, dispuesto a hacerla sentir mujer, todo esto ocurría mientras su esposo dormía.
Esa noche Camila leyó un capítulo más de esa fascinante historia, pero algo sucedía esa noche, ella se dispuso a dormir pero una inquietud le recorría el cuerpo, sentía como una suave brisa le recorría el cuerpo, de repente un profundo ronquido cortó de tajo el momento, provenía del gorila que tenía por marido.
A veces Camila deseaba escapar de esa fastidiosa realidad, ella nunca pensó que el matrimonio se convertiría en algo tan grotesco, como ese príncipe azul paulatinamente se fue convirtiendo en ese despreciable y regordete ogro, toda mujer desea compartir su vida con el hombre indicado, y a decir verdad, los defectos físicos no son impedimento para amar a alguien, pero cuando estos viene acompañados de un deplorable desempeño intelectual, una aberrante afición al alcohol, y una despreciable tendencia a la violencia psicológica, y eso sin contar el nada romántico bombardeo de gases intestinales nocturnos, por favor, ¿qué mujer desea a alguien así?
Camila se quedó dormida pensando en su decepcionante vida, pero regresó pronto a su unico refugio mental, ese melodioso libro, un respiro a la vida cruda y cotidiana.
Ella soñaba como era perseguida por una cosa horrenda, un pesadilla, ella corría pero siempre tenía muy cerca detrás a ese monstruo, era desesperante sentir su asqueroso aliento en la nuca, y sus gruñidos, ella sentía una mezcla extraña entre desprecio y miedo, asco y repudio por aquel siniestro ser, y corrió por ese bosque grisáceo hasta que tropezó con aquella rama de árbol, así sobre el suelo volteó rápidamente y ¡sorpresa!, no había nada ni nadie.
Y es que su esposo era el típico borracho, mediocre, de obeso cuerpo, olor desagradable a sudor, y todas esas cosas que algunos hombres van acumulando con los años, un pseudo hombre que hace mucho tiempo había dejado de valorarla.
Camila, como toda mujer viva, tenía sus necesidades, ella requería sentirse amada, protegida, valorada, y todo eso ya no lo encontraba en casa, comenzó a refugiarse en los libros, pero había uno en especial, que cada noche leía con gran gusto, se trataba de una historia erótica, un libro grande, con una historia tan misteriosa que Camila sentía esa necesidad de descubrir cada vez que se tiraba a la cama y lo leía, se sentía la protagonista de aquella historia extraña, pero lo más curioso, se sentía amada con ese libro, el personaje la poseía y vivía el erotismo y la sensualidad en cada párrafo, como si cada letra fuera un susurro de deseo y ansiedad.
Desde hacía varios días, cada noche era su costumbre leer algo de ese libro, se acostaba y se disponía a vivir aquella fascinante lectura, y sentía como si un ente estuviera acariciándole mientras lo leía, para esto ella siempre dormía en ropa interior, y es que así fue siempre su costumbre, sentía como si un viento suave le recorriera las piernas, los pechos, y como si alguien estuviera ahí, dispuesto a hacerla sentir mujer, todo esto ocurría mientras su esposo dormía.
Esa noche Camila leyó un capítulo más de esa fascinante historia, pero algo sucedía esa noche, ella se dispuso a dormir pero una inquietud le recorría el cuerpo, sentía como una suave brisa le recorría el cuerpo, de repente un profundo ronquido cortó de tajo el momento, provenía del gorila que tenía por marido.
A veces Camila deseaba escapar de esa fastidiosa realidad, ella nunca pensó que el matrimonio se convertiría en algo tan grotesco, como ese príncipe azul paulatinamente se fue convirtiendo en ese despreciable y regordete ogro, toda mujer desea compartir su vida con el hombre indicado, y a decir verdad, los defectos físicos no son impedimento para amar a alguien, pero cuando estos viene acompañados de un deplorable desempeño intelectual, una aberrante afición al alcohol, y una despreciable tendencia a la violencia psicológica, y eso sin contar el nada romántico bombardeo de gases intestinales nocturnos, por favor, ¿qué mujer desea a alguien así?
Camila se quedó dormida pensando en su decepcionante vida, pero regresó pronto a su unico refugio mental, ese melodioso libro, un respiro a la vida cruda y cotidiana.
Ella soñaba como era perseguida por una cosa horrenda, un pesadilla, ella corría pero siempre tenía muy cerca detrás a ese monstruo, era desesperante sentir su asqueroso aliento en la nuca, y sus gruñidos, ella sentía una mezcla extraña entre desprecio y miedo, asco y repudio por aquel siniestro ser, y corrió por ese bosque grisáceo hasta que tropezó con aquella rama de árbol, así sobre el suelo volteó rápidamente y ¡sorpresa!, no había nada ni nadie.
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